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El tren equivocado: Explorando Alemania por tren en silla de ruedas

Chris Alp es parte de la comunidad WTW. Viajó con nosotros a Torres del Paine, ha participado en Wheel the World Talks y es un colaborador del blog. Aquí nos comparte su experiencia viajando solo en Alemania.


Mis amigos me dicen que puedo ser demasiado independiente, y quizás esta historia corrobora su teoría, pero no voy a dejar que mi silla de ruedas sea un límite. 

Escribí estos recuerdos el día que había pasado este evento, con una cerveza y una cena con muchas papas.

El 15 de Junio, hace un par de años. Un día memorable

Esta semana estoy solo, y no he explorado mucho Alemania.

Me desperté muy temprano para partir a Koblenz, por el autobahn. No hay nada mejor que andar a 160 kph escuchando mi lista de música en el increíble sistema de sonido de mi Volvo arrendado. 

¿En qué otro lugar del mundo se puede disfrutar de carreteras así? 

Caminé (pues..yo le digo caminar) alrededor del antiguo pueblo de Koblenz después de estacionarme en un estacionamiento muy ajustado dado que no había ningún estacionamiento accesible. Tuve que sacar mi silla de ruedas antes de estacionarme, bajarme al suelo y subir a la silla de nuevo. 

En la foto de abajo se ve la confluencia de dos ríos (el Rhine y Moselle), un placer poder verlo desde el teleférico que subí para ver el pueblo y sus alrededores desde arriba. No pasaba mucho por allá, así que almorcé rápido y partí hacia Bonn.

Desde Bonn, mi plan era subir al tren y seguir el río a Linz, de ahí volver en bote, porque me dijeron que esa era la mejor parte del río. Solo podía ir en una dirección porque se estaba oscureciendo .

Ahí empezó la diversión.

Después de estacionar el auto en Bonn al lado de donde el bote iba a volver, fui a la principal estación de tren, que quedaba a un kilómetro del estacionamiento. Pregunté en el mesón de información por el tren a Linz. Me dijeron que había un tren rápido que pasaba por Frankfurt. 

¿Frankfurt? Algo de eso me parecía raro, entonces revisé los detalles que me pasaron allí en la estación. El tren llegaba a Linz a las 21:00 (después de la última salida del bote). Le pregunté de nuevo y me dijo que era correcto.

Su colega estuvo escuchando y se dio cuenta que me iba a mandar a Linz, Austria (un viaje de 700km) en vez de Linz, Alemania (40 kms). ¡Menos mal!

Aparentemente para ir al Linz que yo quería visitar, tenía que ir a otra estación que quedaba a 1 km al otro lado del río, y mi auto estaba en un lugar entre las dos estaciones. 

Bien. Vamos. El gps de mi celular me mostró la ruta (nunca me falla) y después de una caminata de media hora, llegue a la estación correcta. Pero no sabía donde ir dentro de la estación, ¿el andén a la izquierda, derecha, o al centro? Supuse que estaba bien donde estaba, y después de escuchar un anuncio en alemán, llegó el tren. Subí rápido, era solo un escalón chico no más y me fui para Linz. ¡Me encanta la accesibilidad de Alemania!

Pensé en revisar el gps de nuevo. Coloqué mi destino y por supuesto, el gps se confundió porque no tiene “viajar en tren” como una opción y como no estábamos en ninguna calle conocida, el gps no reconocía donde iba. Al final, me decía que iba en la dirección equivocada. 

La próxima parada iba a ser en un par de minutos, y pensé que la mejor decisión era bajar del tren y volver. Con el tren saliendo del andén, me di cuenta que la única manera de salir del andén para tomar el otro era pasar por unas largas escaleras, y no había nadie cerca.

Bajé las escaleras como podía, de espaldas, y me sentí aliviado al ver que las escaleras para subir tenían una rampa. Después de 15 minutos, llegó el tren “correcto”, había dos escalones para subir al tren, así que me bajé nuevamente de la silla y subí al tren, un poco sucio. Un grupo de monjas me miró pero no dejaron sus asientos para ayudarme.

Ahora que voy en la dirección correcta, me siento mejor. El tiempo pasa y el último bote sale pronto. Revisé el gps ya no estaba confundido, funcionaba bien y puedo ver que voy en la dirección incorrecta.

Llegué muy rápido a la estación donde empecé y bajé del tren. Busqué un acceso para poder bajar de manera más fácil en el centro del andén, pero solo hay escaleras para bajar. No estoy preocupado, ya he hecho esto. Bump, bump, bump..cuando terminé de bajar las escaleras, llegué al túnel y me di cuenta que la única manera de volver a subir era por unas escaleras. No había rampa.

Ahora estoy complicado. ¿Por qué tuve que ser tan aventurero? ¿Qué tiene de especial Rhine y los castillos en todo caso? Quizás hubiese sido mejor verlos desde un auto. Pero, ¿qué puedo hacer? Aquí estoy.

Afortunadamente, había algunas personas saliendo de otro tren. Cuando bajé de la silla pera de nuevo empezar mi torpe subida, un amable tipo inglés me ofreció subir la silla. Obviamente, le dije que sí.

Cuando empezó a subir con la silla y mi bolso agarrado a ella me di cuenta que adentro estaba mi pasaporte, billetera, iPad, iPhone y toda mi vida, sin hablar de mi movilidad, pensé que quizás confiaba demasiado en este joven extranjero.

Escaleras de cemento gris
La entrada y salida de la estación

No debería haberme preocupado, cubierto en polvo, llegué a la cima de las escaleras y volví a mi silla. 

¿Qué debería pensar la gente alrededor? Menos mal, solo podía ver parte de la situación. Reviso de nuevo la hora y la última salida del bote. No sé exactamente de donde sale el bote, tengo 9 minutos para encontrarlo y subir, si es que el tren llega a tiempo.

El tren eventualmente llegará. De nuevo, dos escalones de subida, pero ahora soy experto. Saqué un pantallazo de las paradas del tren y las conté, y si andábamos atrasados, quizás 2 minutos, sin saber donde ir cuando llegáramos. Después de media hora, el tren llegó a “Linz (Rhine)”. Me bajé, y me preguntaba qué hacer ahora. 

Pregunté a una mujer donde ir, y me dijo que era muy difícil, un camino muy largo. Supuse que era solo un kilómetro, me quedaban 7 minutos.

No entendí bien sus instrucciones y seguí un camino más lógico. Seguía mis instintos, cruzaba varias calles, y llegué al río. Seguí el río hasta llegar a un espacio con muchas personas y botes.  

¡Llegué al puerto! Encuentro el bote “KD” y un grupo de gente aún más grande. Me quedan dos minutos, pero no tengo pasaje y está cerrada la oficina. Pregunto a una persona si venden pasajes en el bote y me dijo no, y no es posible embarcar sin pasaje.

Tan cerca pero tan lejos. ¡Este es el último bote que sale hoy, y llegué con dos minutos de anticipo, y es posible que no pueda subir por no encontrar donde comprar pasaje! 

No, voy a embarcar. Abren las puertas y en vez de ir con el grupo, decido hacer un “show”, algo que aprendí como niño en silla de ruedas. Llegué a la puerta equivocada, dije que no entendí e ignoré al guardia cuando preguntaba por mi pasaje. 

¡Pues, funcionó!

As soon as I got on board, I hit the elevator to the top deck. 

Embarqué,  sol, mesas, un pequeño grupo de personas, ¡y un bar! Compré dos cervezas artesanales y me relajé para disfrutar del viaje de dos horas andando por el río Rhine, pasando por castillos gigantes, pueblos bucólicos y puentes destruidos desde los años de las guerras mundiales. ¡Maravilloso y valía la pena!

Otra aventura por el autobahn y llegué a mi querido hotel. Salí a pasear por el pueblo la última noche antes de juntarme con los demás a la mañana siguiente en Francia. 5 horas de viaje en el Volvo.

Créanlo o no, tuve un gran día, solo estoy un poco cansado. ¡Y eso es lo que significa viajar!

Ecrito por Chris Alp 


Este artículo es parte de una serie de Historias de Viaje escritos por personas de la comunidad Wheel the World. Lee más historias, como la aventura de Geoff en el Gran Cañón aquí.

Para ver más historias de aventura accesible en Alemania, revisa el documental más abajo

Wheel the World viaja al parque nacional Eifel en Alemania

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